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7 de septiembre de 2026La alegría del color amarillo
Inconscientemente, el ser humano asocia el color amarillo con el Sol, fuente de energía. Es por eso que los alimentos amarillos pueden resultarnos especialmente estimulantes y apetecibles, haciendo que nos entren por los ojos incluso antes de probarlos.
Esta estimulación del apetito se relaciona con las asociaciones que hacemos con este color: energía, optimismo y alegría.
El queso es uno de los ejemplos de este efecto por excelencia.
La vida sana se escribe con verde
El verde, en cambio… es sinónimo de salud.
Esto se debe a que el verde se asocia con lo natural, y lo natural… transmite confianza. Es el color de las hojas, de las plantas y de buena parte de los vegetales que encontramos en la naturaleza. Por eso, cuando lo vemos en un alimento, nuestro cerebro puede relacionarlo rápidamente con conceptos como frescura, bienestar y alimentación saludable.
Ahora entiendes por qué el verde aparece con tanta frecuencia en envases y comunicación relacionados con la vida fitness, ¿verdad?
Rojo pasión, uno de nuestros favoritos
Si hablamos de tonos rojizos, estaremos de acuerdo en que es uno de los colores que más llama nuestra atención. Está presente en decoraciones, productos, logotipos… y también en muchos platos.
Y no es casualidad. El rojo es un color intenso que asociamos con la energía, la pasión y la excitación. Precisamente por eso, cuando aparece en un alimento puede hacerlo parecer más llamativo y apetecible.
Además, algunos estudios han observado que el color rojo puede aumentar nuestra percepción de intensidad y hacer que determinados alimentos nos resulten más atractivos.
No es de extrañar que encontremos tanto rojo en alimentos que nos encantan: tomates, fresas, cerezas, pimientos…
El rojo entra por los ojos. Y muchas veces, también abre el apetito.
Mmm… pero solo una
En esta ocasión hablamos del color marrón.
¿Qué tienen en común el café, el chocolate o algunos alimentos horneados? Además de estar entre nuestros pequeños placeres gastronómicos, comparten un característico tono oscuro.
El marrón está muy presente en alimentos que asociamos con sabores intensos, tostados o dulces. Y aquí entra en juego algo curioso: no solo comemos lo que sabemos que nos gusta, también influyen las expectativas que nos genera su aspecto.
Por eso, un brownie recién hecho, una onza de chocolate o una taza de café pueden resultar apetecibles incluso antes de probarlos.
Quizá por eso, cuando vemos determinados tonos marrones, nuestra mente piensa rápidamente en una cosa:
capricho.
¡Si es que se nos hace la boca agua solo de mirarlos!
Necesito naranja ya
Por supuesto, no podemos olvidarnos del naranja.
Y aquí podemos plantear un debate interesante: ¿la naranja se llama así por el color o el color se llama así por la naranja?
Sea como fuere, hay algo claro: el naranja es un color cálido, alegre y lleno de energía. Y cuando aparece en los alimentos, puede transmitir sensaciones de vitalidad, dulzor y apetencia.
Es, además, un color muy presente en frutas y verduras, entre ellas nuestra protagonista: la calabaza.
Su característico tono naranja no solo hace que destaque visualmente. También puede influir en las expectativas que tenemos sobre ella antes de probarla.
Porque, al final, el color también forma parte de la experiencia de comer.
Y quizá por eso, cuando vemos una calabaza bien naranja, ya estamos pensando en qué vamos a preparar con ella.
Antes de probar, ya estamos saboreando
Al final, comer también es una cuestión de percepción: antes de probar, ya hemos empezado a saborear con los ojos.
Y es que, cuando se trata de comida, el color también alimenta.
