La flor de calabaza, un manjar desconocido para muchos

¿Te animas a probar esta parte tan exótica de la planta de calabaza?

Cuando la planta de calabaza florece, nos regala una bella estampa: unas flores con un brillante amarillo anaranjado y forma de embudo que contrasta con el verde de las hojas. Una flor llamativa, delicada y sabrosa. Porque, efectivamente, la flor de calabaza ¡es comestible!. Considerada todo un manjar en gastronomías como la mexicana o la italiana, en España sigue siendo una gran desconocida para muchos. Esto es debido en parte a su extrema delicadeza: su corta vida útil hace que sea complicada su comercialización y por ello no esté presente en los lineales de los supermercados. Deben de ser consumidas, como mucho, en 24 horas tras su recolección, así que, si quieres probarlas, lo mejor es que busques un establecimiento especializado o las encargues en tu frutería o a pequeños productores.

La planta de calabaza genera flores masculinas y femeninas. Las últimas son las que darán como resultado el fruto de la calabaza mientras que las primeras, una vez completada la fecundación no cumplen ninguna función. Excepto la gastronómica. Las flores masculinas, aparte de ser las más sabrosas, son las que podremos cortar una vez florecidas sin que esto afecte al cultivo del fruto de calabaza. 

Estas flores son extremadamente ligeras, casi toda su composición es agua, y por ello no aportan casi calorías por sí mismas en crudo y nada de grasa. Además, contienen múltiples vitaminas como la A y la C, folatos, fibra y algunos minerales.

Comparten así algunas de las propiedades de la calabaza, pero con menor presencia. En cuanto a sus cualidades organolépticas, mantienen el sabor dulce característico de su fruto, aunque muy delicado y sutil, si bien todo dependerá de su modo de preparación. No son flores con fragancia como cualquier otra destinada a la decoración, la flor de calabaza apenas tiene olor.

Puedes comerla cruda o cocinada de mil maneras. Nosotros las hemos visto fritas, salteadas, rellenas, en sopas, cremas, ensaladas, tartaletas, quesadillas, pastas o pizzas, e incluso en su versión más dulce, incorporada en diversos postres. Todo es cuestión de experimentar y encontrar tu receta favorita.